Allí estaba ella. Es increíble cómo me encontró. Corría el año 2003 y una tarde recibí una llamada o un correo electrónico, ahora ya no recuerdo exactamente que fue (porque he empezado a olvidar cosas, me aterra confesarlo); pero bueno, me preguntó si yo era yo, que si yo era la persona dueña del libro que ella tenía en su poder. ¿Cuál libro?, le pregunté. Y antes de seguir, ¿Con quién estoy hablando?
Pues mira, me dijo; tú no me conoces. Estaba limpiando y revisando entre las cosas olvidadas y encontré un libro, tiene tu nombre y el de otras personas más; el título del libro capturó mi atención porque es el sueño de mi vida, fue como encontrar la última galleta en el fondo de la lata. Cuando lo vi, algo muy adentro de mí me dijo que ese libro tenía entre sus páginas mi futuro. Lo abrí y entonces entendí. Si, era muy posible que allí estuviera mi destino; hablaba de reinos, de fortalezas, de cautivos y de prisioneros, se necesitaba urgentemente voluntarios dispuestos a ingresar al ejército que liberaría a los condenados. Ese día lo devoré, y al llegar al final, encontré una lista de personas que ya lo habían leído y lo firmaron en un pacto silencioso 10 años antes, estaban los nombre de varias personas, entre ellas estaba el nombre de uno de mis héroes, al cual toda mi vida había querido conocer; sabía que él, después de estar librando inclementes batallas había regresado a su tierra para recuperar las fuerzas… ¡Ahora por fin tenía la oportunidad de conocerlo! Pero, fue tu nombre el que llamó mi atención, supe que a través de ti podría conocerlo.
En ese momento se rebobinó una de las cintas archivadas en mi memoria. Claro que recordaba el libro, el pacto, las firmas. Al igual que ella, alguna vez en el pasado, ese libro había significado mucho para mí y para un grupo sui generis con el cual recorrí varios parajes compartiendo una visión, una misión, un alto llamado. Pero lo que realmente me asombró fue que yo nunca había estado en la ciudad desde donde ella me estaba contactando; el libro en realidad no era mío y no tenía la más remota idea de por qué estaba en poder de ella. Para todos nosotros, el libro había desaparecido, al igual que el destino de muchos de nosotros. Si, ese héroe que ella mencionaba era mi amigo, él había corrido en pos del sueño, pero otros estábamos estancados en el camino, distraídos por las luces multicolores del camino, por el calor sofocante o por el frío inclemente. Volví al presente y le pregunté qué quería de mi, qué estaba esperando. Ella me dijo con la voz llena de esperanza (¡Aja! ¡Entonces fue una llamada telefónica!), “Me gustaría encontrarme contigo, sé que de alguna manera, puedes darme instrucciones y de alguna forma ponerme en contacto con mi héroe…”
¿Instrucciones? ¡Ja! ¿Instrucciones de qué? Si yo misma había perdido el Norte, ¿cómo podría ayudarla a encontrar el suyo? Pero con mucha amabilidad le dije, claro que si, las puertas de mi casa están abiertas para ti. Aunque vivía en una ciudad diferente a la mía, antes de una semana estaba en mi casa. Con su cara redonda igual a la mía; con temor al futuro pero anhelante, mi pasado me había encontrando y no estaba segura de querer verlo, no podía entender cómo era posible, les juro que estaba convencida de que mi pasado se había ido, que había pasado y ya no existían más todos aquellos sueños, deseos, propósitos y anhelos que solo Dios y los íntimos conocían. Pero no, allí estaba mi “pasado” sonriente y me había alcanzado.
Pasamos una semana actualizándonos. La puse al tanto de lo que había sido mi vida en los últimos 10 años. Igualmente, ella me contó su historia, bastante diferente a la mía en trasfondo pero con la misma pasión, la misma energía, las mismas ganas de saber y de conquistar que en el pasado yo había tenido. Ese encuentro nos sirvió a ambas para tomar decisiones, definir rumbos y darnos cuenta que el destino trazado para nosotros en realidad no está en nuestras manos, sino en las manos del Señor que teníamos en común. Ella, finalmente, conoció al héroe, pero después de esa semana milagrosa, fuimos muy diferentes. Ahora ella también es una heroína entre las naciones y yo, a marcha lenta pero segura, estoy cumpliendo algunos de mis sueños con la seguridad que todos los sueños que nacieron en el corazón de mi Maestro verán la luz.
Doy gracias a Dios por haberme dado una oportunidad que muy pocos tienen, de volver al pasado. Mi encuentro con ella me ayudó a retomar el rumbo y, de paso, dejar una huella en las arenas del tiempo.





