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miércoles, 30 de junio de 2010

La Lengua: Poderoso Elemento

“La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos”.
Proverbios 18:21

Lengua, un pequeño miembro del cuerpo que encierra un poder insospechado, un elemento que faculta al hombre para comunicarse valiéndose de innumerables signos y símbolos, permitiéndole introducirse en otros universos. Es decir, la lengua nos permite expresar sentimientos, pensamientos, deseos... todo lo que se anida en el corazón del hombre y, por consiguiente, le permite vincularse con sus semejantes. La historia y el presente son testigos de su dominio, por eso no es extraño encontrar en cada civilización referencias a su valor y considerables advertencias acerca de la perversa utilización de las palabras.
Es un instrumento tan poderoso que puede conquistar o desbaratar reinos, llevar a la gloria o hundir en el infierno, o simplemente levantar el ánimo del alma abatida. Puede ser un bálsamo reparador cuando pronuncia la palabra “perdón” al que creía que viviría eternamente bajo las cadenas del odio, y es gloriosa medicina cuando el cansado escucha “puedes descansar aquí”. ¿Quién no ha sido reconfortado luego de estar horas en deliciosa conversación con un sabio? (¡Atención! Un sabio, no un sabelotodo), como dice Anne Morrow Lindbergh: “La buena conversación es tan estimulante como el café negro y, al igual que éste, quita el sueño”.
¿Quién no agradece mil veces que una lengua entendida lo saque del abismo sin sentido de la soledad y la tristeza? Una palabra amable es mucho más subyugadora que gritos estentóreos o palabras soeces. Es la lengua veraz la que puede resolver conflictos y evitar injusticias. Cuanto tiempo, dinero, esfuerzo y dolores de cabeza hubiéramos evitado sí; en los sonados juicios que últimamente han desatado un sin fin de contradicciones y herido tantas susceptibilidades, lenguas veraces hubieran levantado su voz para deshacer el entuerto. Hoy, cuando creer en la palabra de otro ha perdido casi totalmente su valor, es precisamente, cuando necesitamos escuchar la verdad.
Fue la lengua la que permitió la perpetración del genocidio más espantoso que ha conocido el planeta, pues fue Hitler con su grandilocuencia quien envolvió a centenares de jóvenes que escucharon sus arengas. Esos adolescentes fueron convencidos sutilmente, a través de palabras llenas de aparente excelencia y virtud, para luego ensañarse con absoluta crueldad contra millones de seres, que hacía poco tiempo eran sus compañeros de juegos.
Es también portadora de muerte, cuando se ha destruido la reputación de una persona con o sin justa razón. Un comentario mal intencionado es, en la mayoría de las ocasiones, mucho más mortal que una daga envenenada, pues va taladrando los sentidos hasta que explotan rencores y dolores que tal vez no sanen, pero que en definitiva, acaban con ilusiones, sentimientos y creencias.
¿Cuántas veces nos hemos preguntado, cómo fui capaz de herir de esa forma a quién más quiero? ¿Cuántas veces hemos dicho, “lo dije sin querer”? ¿Es realmente sin querer que lo decimos? ¡Ojo con esa saeta mil veces afilada! La lengua sólo pronuncia lo que antes ha estado maquinándose en los recónditos parajes de nuestra mente, y sólo el alma es la verdadera responsable de lo que brota de ella.
Meditando en todo esto, creo que necesitamos aprender a callar, valorar el silencio como el más preciado de los tesoros. Si no es palabra para alegrar el corazón o edificar a nuestros semejantes, es preferible morderse la lengua. Cuando niña escuche una historia y es más o menos así: Laurita le fue a contar a su mamá algo que le habían dicho de Lolita, la señora respondió: “¿Ya pasaste ese comentario por los tres tamices?” -“No mamá, ¿cuáles son?” Su madre responde: “El primero es ¿me consta que es cierto? El segundo, ¿hace daño a alguien? Y tercero ¿Tengo que decirlo? Si lo que tienes que decir pasa las tres pruebas, puedes contármelo. Entonces, ¿qué me ibas a decir?” Obviamente, Laurita calló.
Esta sencilla historia nos ilustra la tremenda importancia de meditar nuestros comentarios, aprender a callar en el momento preciso, de tal forma que no lleguemos a estar envueltos en necedades y truhanerías. O bien, callar por el cándido placer de disfrutar de instantes tan personales y propios que únicamente nosotros tenemos la oportunidad de dar fe de ellos. Enseñar a la lengua a utilizar el silencio es severamente útil (y muy eficaz), pues éste puede tomar un sinfín de interpretaciones.
Retomando el proverbio con que empieza este escrito, es realmente vital entender que comeremos el fruto de nuestra lengua, ya sea para vida o para muerte, riqueza o pobreza, felicidad o tristeza. Es mi responsabilidad administrar correctamente mis palabras, cada pensamiento que la lengua exprese. Mis palabras no sólo me afectan a mí, sino a un sinnúmero de personas que son los receptores de mi filosofía. Finalmente, no puedo dejar de mencionar el proverbio de Salomón: “Aún el necio cuando calla es contado por sabio”.

lunes, 14 de junio de 2010

Tolerancia Laxa


Compra la verdad, y no la vendas; La sabiduría, la enseñanza y la inteligencia. Proverbios 23:23
Hay algo que no deja de incomodarme. ¿Cuál será esa pulga en mi espalda? Mis queridos amigos es, ni más ni menos, que La falta de pantalones para disentir con dignidad. No soporto que en publicaciones de cualquier tipo y últimamente en opiniones políticas, se responda con lenguaje altisonante, grotesco e insultante. ¿Por qué extraña razón, poco ortodoxa por cierto, perdemos la oportunidad de escuchar argumentos y puntos de vista diferentes a los nuestros? ¿Por qué me atrevo a decir que no los escuchamos (o no los leemos)? Para la muestra un botón. Un amigo está publicando caricaturas de Paco Palafox y ¡sálvese quien pueda! Sin detenerse a analizar la intención o la caricatura, saltan los más “espirituales”, igual que saltaban sus antepasados de los tiempos de la iglesia primitiva. ¡Horror! ¡Jesús sanó a una mujer el sábado! ¡Qué bárbaro! ¿Cómo se le ocurre desatar a la hija de Israel de las garras de Satanás en el SAGRADO “Día de Reposo”?
Hago un alto en mi disertación para dejar sentado que estoy convencida que SI HAY UNA VERDAD ETERNA Y ABSOLUTA. Hace rato que compré esa verdad (no la pagué yo, pero la compré) y por ningún motivo la voy vender. Y esa Verdad me ha enseñado que el Reino pertenece a los mansos, a los humildes, a los que son perseguidos por causa de la Justicia. También me ha enseñado que los valores del Reino son diametralmente opuestos a los del Mundo. Así las cosas, la Verdad sabía de la posibilidad de no estar de acuerdo en asuntos que no son la verdad eterna (asuntos diferentes a Salvación y a la ética del Reino). Por ejemplo, el largo de la falda, el largo del pelo, comidas, bebidas, libros, partidos, equipos de fútbol, etc. Y dijo la Verdad en ese magnífico sermón del que hemos hecho tanto alarde (pero muy poca práctica, y lo digo por mi…), “Ama a tu enemigo”, para que entonces seas diferente a los paganos; dice también no llames “necio a tu hermano”, pero tampoco te deleites insultando a tu enemigo, o para este caso, a aquel que se atreve a disentir de tus puntos de vista.
Cuando se abre un tema, especialmente en las redes sociales o en la prensa cotidiana; es tan triste que siempre sale, por lo menos uno, con un comentario desobligante, y no te estoy hablando de “no creyentes”. Te hablo de “hermanos”, incluso personas que considero de respeto por su edad, posición y dignidad. ¿Qué estamos testificando a las nuevas generaciones? “El que no está de acuerdo conmigo es un completo idiota.” Mis amigos, si leyéramos atentamente la historia, encontraríamos que los héroes tuvieron que salirse del molde para ser hacedores de historia. Nada más piensa en Jeremías, parándose en la entrada del templo a vocear cosas que nadie quería escuchar. Como su Palabra fue totalmente opuesta a lo que deseaba el rey, lo mandó a la mazmorra y espero que sepamos el resto de la historia. Interesante que el rey envía por un profeta para que le dijera lo que él quería escuchar, siguiendo el ejemplo de uno de sus antecesores que en tiempos de Josafat, el cual no recibió la Palabra de Micaías y envió por Quenaana para que le dijera lo que él quería escuchar.
Lo más grande en todo este fenómeno de tolerancia laxa, es que no se puede apreciar un debate de ideas o razones sino de insultos físicos, espirituales, familiares… ¿y ese afán tan bárbaro de agregar sobrenombres ofensivos? (¡OJO! Habló a todos los bandos). Observemos lo siguiente: En caso de que quede de presidente “Aquel cuyo nombre no debe ser nombrado” con qué cara podrás llamarlo “Sr. Presidente” si durante la actual campaña le han puesto cualquier cantidad de remoquetes e insultos. Y digo “le han puesto” porque, aunque estoy en busca de conspiraciones y de “culpables”, me cuido mucho de no usar nombres peyorativos u ofensivos contra figuras de autoridad aunque cuestione sus acciones (para lo cual tengo todo el derecho como ciudadana terrícola y del cielo). Y mucho menos puedo estar satisfecha con aquellos que no saben argumentar o presentar pruebas fehacientes; ignorando algunas evidencias incuestionables dejándose llevar por la emoción de la masa.
Pido, con toda humildad, que utilicemos las herramientas a nuestro alcance para ejercer el precioso derecho a debatir, a ejercitar el derecho a ser escuchado pero también el deber de escuchar las opiniones del resto de los seres humanos. Nos sorprenderíamos al permitirnos conocer las experiencias y riquezas en asuntos en los que la Verdad nos da la libertad para disentir.

jueves, 3 de junio de 2010

Resonancia Magnética de mi Interior


Me imagino que la mayoria de los que lean esto habrán visto Spiderman I, la mejorcita de las tres. Peter Parker se pregunta al principio y al final de la película: “Who am I?” (“¿Quién soy?”) Esta no es una pregunta exclusiva del confundido Parker, estoy completamente segura que todo ser humano se ha hecho esta inquietante pregunta, por lo menos, una vez en la vida. De hecho, algunos se pasan la vida entera sin encontrar la respuesta, pero algunos otros, especialmente aquellos que tienen una relación (OJO que no dije religión) con el Padre de la LUCES, encuentran la respuesta a tan importante cuestión.
Creo que a estas altura de mi historia conozco parte de la respuesta, pero no he terminado de saberla. Solo mi Padre me conoce mejor que yo y eso ya es un privilegio. Si Él conoce la respuesta completa, no me preocurpa terminar de saberla. Sin temor a sonar arrogante, orgullosa o soberbia; sé que soy una mujer extraordinariamente talentosa, y entre los top 5 de mis talentos se encuentran los siguientes:
1.Tengo la habilidad para ponerme en contexto; es decir, siempre estoy buscando pistas en la historia para entender dónde estamos y qué nos depara el futuro. Soy una buscadora de respuestas, ¡imposible quedarme con una duda! Los que me conocen a fondo saben que es verdad…
2.Soy enfermizamente responsable. Los que han vivido conmigo más de un día saben que tengo el syndrome de Atlas…
3.Soy inquisitiva. Nada que ver con la Inquisición (aunque para algunos soy Torquemada…). ¡Me afana saber! Padezco del syndrome de Salomón… Así como los hamsters recolectan comida, yo recolecto información, datos, estadísticas, conspiraciones…
4.Soy aprendiz, es decir ¡ME ENCANTA APRENDER! Si se me pasa un día sin aprender algo nuevo, ese es el fin del mundo para mi… Cuando creo que he aprendido algo inmediatamente me doy cuenta que no sé nada… syndrome de Sócrates… Muy relacionado con el syndrome anterior…
5.Soy creyente, con todo lo que eso significa. Lo que hago cada día necesita estar soportado por las profundas creencias y valores que he desarrollado a lo largo de mis pocos años… Por lo tanto soy “Sold out & Radical” (“Fuera de serie y radical”). Imposible quedarme callada ante la injusticia, la discriminación, el apartheid, el desplazamiento…
Estas habilidades, talentos o cualidades; como prefieran llamarlos, han sido una bendición y me hacen ser la persona que soy. Pero… cuando no he utilizado mis habilidades con la suficiente humildad, se han convertido en una gran debilidad. Ahora entiendo porqué tengo que apasionarme por lo que estoy haciendo o no lo hago. Así de sencillo. Gracias al Padre que me apasioné por Jesucristo antes que por muchas otras cosas y eso me ha ayudado a mantenerme en perspectiva.
De corazón les digo, a veces me gustaría tener la habilidad de quedarme con mis pensamientos, sentimientos, pasiones y creencias para mi, pero NO PUEDOOOOO! Siempre tengo que estar en una misión o no soy, salvar el planeta es una prioridad. Soy extrovertida (en algunos breves momentos puedo ser atrapada por la angustia existencial, y creo que se maximiza la intensidad), sensible (me duele mi gente, aunque no lo crean, otros me duelen profundamente), demasiado pensante para mi gusto y con tan alto sentido de la justicia que doy para ser magistrada de la suprema corte… Se que a mis más cercanos amigos, este desnudar de mi substancia no les resulta extraño para nada. Pero para otros que conocen solo mi exterior, espero que esta radiografía (más bien un MRI) les ayude entenderme un poco y tolerarme mejor.
Una cosa más.. Para amar, soy muy fiel. Muy dura para el gusto de algunos, pero mi amor por Dios, mi familia, mis amigos, mi trabajo, mi tierra y mi gente es hasta el final. “La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor imperecedero.” (Ef. 6:24).